El Esperanto.

Preguntas frecuentes…


  1. ¿Qué es el Esperanto?

«Dr. Esperanto» fue el pseudónimo que adoptó el creador de la Lingvo Internacia (Lengua Internacional, así la llamó) con que firmó la primera gramática de este idioma en 1887. Con el tiempo, se conoció al idioma como «la lengua del Dr. Esperanto», o simplemente «Esperanto». En este idioma la palabra significa «el que espera», y al ser nombre propio, en español se debe escribir con la letra inicial en mayúscula, al igual que Sánscrito o Swahili, pero al revés que inglés, francés y otros idiomas cuyo nombre es en realidad un adjetivo. El Esperanto surgió como idioma neutral e internacional para superar las barreras lingüísticas y culturales y tiene solo 16 reglas gramaticales básicas y ninguna excepción. Su escritura es totalmente fonética.
 

  1. Si el Esperanto es tan estupendo… ¿por qué no se le ha adoptado en todo el mundo?

Por causas económicas, culturales, políticas y éticas, pero fundamentalmente por la desinformación deliberada de que es víctima desde hace un siglo.

  1. Económicas: la lengua impuesta al resto del mundo (ayer el francés, hoy el inglés, mañana acaso el alemán o el japonés) procura para su país de origen una gran cantidad de dinero en concepto de derechos de autor por la exhibición de películas, publicación y traducción de libros, etc.
  2. La cultura cabalga a lomos de la lengua, y la cultura anglo-norteamericana se ha impuesto en el resto del mundo, como se ve en nuestros canales de televisión, donde figuran los problemas de los neoyorquinos o californianos con mayor frecuencia que los de los naturales de Kyoto, Katmandú, Addis Abeba o Tijoco de Abajo.
  3. Políticas: los canales de información oficiales y no oficiales transmiten su flujo en un solo sentido: de arriba abajo. La moda, los gustos y la forma de pensar siempre vienen del mundo anglosajón, excepto en cosas marginales. La información es poder, y quien controla la información puede manipular la opinión general y la forma de pensar de pueblos enteros. Que yo pueda hablar en una lengua con la misma facilidad que en español con un iraquí —por ejemplo— que tenga en esa lengua la misma facilidad que si hablase en árabe es algo altamente peligroso para los que temen la verdad, pues me acercaría mucho a su cultura y me replantearía muchas «verdades» oficiales y la supuesta superioridad de la forma de vida (y de pensar) occidental quizá se presentara de otra forma menos deseable que la que se piensa generalmente. Que unos pocos tengamos acceso a eso no les debe preocupar mucho a las fuerzas vivas de Occidente, pues se trata sólo de unos cuantos «lunáticos» que se apartan del rebaño. Si lo hiciéramos todos, tendrían que replantearse muchas políticas —sobre todo las referentes al Tercer Mundo—, pues cuando las mentiras oficiales chocan con las vivencias reales de la gente, se vuelven contra quienes las prefieren.
  4. Éticas: la Ley del más fuerte no tolera que los demás tengan poder decisorio. Si todos los pueblos de la tierra fueran escuchados no existiría tanta diferencia entre el Norte y el Sur. En la ONU pueden ser escuchados todos los países, pero solo en siete lenguas poderosas, que marginan a las otras dos mil novecientas noventa y tres. Se expresa exactamente lo que uno quiere decir en la propia lengua como en ninguna otra, y si hay que discutir o pelear por una propuesta o enmienda, se hará mejor en la lengua materna que en una lengua extraña. Ése es el Tendón de Aquiles de la ONU y lo que quieren evitar en la Comunidad Europea con un planteamiento plurilingüista quimérico que absorbe las tres cuartas partes de su presupuesto. Cuando las euroseñorías han terminado de hablar, les queda poco dinero con el que hacer lo que han dicho que van a hacer… L En realidad el uso exclusivo del inglés en las relaciones internacionales ha producido el efecto indeseable de que se considere que todo lo no sajón es condenable, como el uso del chádor por parte de las mujeres musulmanas, o del turbante por los hindúes, que al fin y al cabo son costumbres religiosas tan honorables como la fidelidad conyugal y la caridad cristianas. Si todo esto se pudiera discutir en pie de igualdad y camaradería por gente de diferentes culturas, el tinglado actual se vendría abajo, pues la información ya no vendría filtrada por los traductores, intérpretes y agencias de noticias que censuran —consciente o inconscientemente— las que transmiten en función de una serie de intereses creados, entre los cuales no es ciertamente el menos importante su propio estatus de intermediarios.

  1. ¡El Esperanto es nulo!

«Nulo» significa «cero». El cero es posiblemente el mayor hallazgo de las matemáticas y quizá de la humanidad: ha puesto a los números positivos y negativos justo en su lugar, y gracias a él los números arábigos —que lo tienen— se usan en todo el mundo en lugar de los números romanos —que no lo tienen. Antes de que se utilizasen, el cálculo sólo lo podían realizar los matemáticos (XC + XIV = CIV), pero ahora lo pueden hacer los taxistas, amas de casa y tiernos infantes (o sea, el pueblo: 90 + 14 = 104). Si tomamos en consideración que los números arábigos tardaron trescientos años en adoptarse en todo el mundo, pero que ahora todos los utilizamos sin poder entender que en otra época había disputa entre ellos y los romanos, nos complace saber que aún queda tiempo antes de que «todo el mundo» se ponga al día… J Además, el cero es neutral, ni positivo ni negativo, y el Esperanto es neutral: ni latino, ni eslavo, ni occidental, ni oriental, ni amerindio ni africano. Nadie tiene ventajas a costa de los demás cuando se usa en los foros internacionales. En ningún otro sentido el Esperanto es nulo. Pero si se matizase tan dogmática antiafirmación se podría matizar esta respuesta.
 

  1. El Esperanto es una lengua occidental europea, igual que el inglés. ¿No es igual de difícil que éste para un oriental?

Que el creador del Esperanto naciese en el actual territorio de Polonia (Europa), no quiere decir que su obra lo sea también, sobre todo porque su lengua materna era el hebreo, que no es europeo ni occidental. No obstante, Zamenhof —que hablaba varios idiomas orientales y occidentales— lo diseñó de forma que su estructura y palabras fuesen familiares a todos. La conjunción copulativa «y» se dice kaj (pronunciado kái) como en griego. La conjunción adversativa «o» se dice (pronunciada como la au de «jaula»), como en árabe. Pero lo más característico del Esperanto, su ausencia total de excepciones, lo asemeja al chino, puesto que en ese idioma tampoco existen. Si a pesar de todo lo dicho les sigue pareciendo occidental, por lo menos reconocerán que un idioma europeo fácil será mejor para un oriental que el inglés, que es uno de los más difíciles e ilógicos de Europa, y cuyas virtudes «internacionales» se basan en el dinero y en el armamento moderno.
 

  1. El Esperanto es una lengua artificial.

Por supuesto. No fue hallado en el fondo de una mina, en el lecho de un río, ni es fruto de un árbol. Es artificial, al igual que los demás idiomas. Igual que la televisión, los satélites artificiales o los automóviles. Si por «artificial» se entiende el idioma que no ha sido aprendido en el hogar, con los padres, por un procedimiento «natural», surgido de necesidades reales de comunicación en el entorno familiar, habría que clasificar como «artificial» a todos los idiomas no autóctonos, como el inglés, francés, alemán, etc., que nos son enseñados en la institución artificial por excelencia, que se llama escuela. Hoy en día se tiene cierto rechazo por «lo artificial», pero es porque se ignora que esa palabra procede del verbo «hacer», que en latín se decía «facio», y del sustantivo «arte», que en latín se decía «ars» y que en realidad quería decir «habilidad, capacidad». Y el Esperanto es un idioma hecho con habilidad y eficacia tal que se puede expresar cualquier pensamiento con una claridad y exactitud ausentes en las lenguas «que son sólo naturales». Por otra parte, desde que los niños entran en la escuela se les contraría continuamente en su tendencia a la asimilación generalizadora —tendencia natural en todo el mundo, acorde con el pensamiento humano—, y en honor de una tradición absurda —la lengua de nuestros mayores— que está reñida con la comunicación se les obliga a decir «anduve» en lugar de «andé», «hecho» en lugar de «hacido» y un horrible cúmulo de irregularidades arbitrarias sin justificación comunicativa ni —posiblemente— lingüística, sino sólo histórica. Esto ocurre en todos los idiomas occidentales, excepto en el Esperanto, que —por seguir esta natural tendencia a la asimilación generalizadora— no sólo es más fácil de aprender, sino que cuando se ha hablado durante años cala en lo más hondo de nuestra mente y el problema que se puede presentar a una persona normal es cómo decir en su idioma natal lo que está pensando en Esperanto.
 

  1. Para que una lengua funcione bien tiene que ser natural, o sea, haber surgido en un país determinado por una cultura determinada.

Más que una pregunta, es una afirmación dogmática que nada tiene que ver con la realidad. El Esperanto surgió en un país determinado por la intolerancia racial, nacional y lingüística (en una región de Polonia que entonces pertenecía a la Rusia zarista) con clara vocación democrática, popular y tolerante. Surgió de la mente de un hombre —como cada una de las palabras que forman cualquier otro idioma—, y además es neutral, cosa que no son los mal llamados «idiomas naturales»: y sin embargo, funciona perfectamente, como lo demuestran los congresos internacionales que se celebran todos los años en todo el mundo en este idioma (por cierto, que son los únicos sin audífonos, pues la traducción simultánea —caso de que se realice— tiene lugar siempre en el cerebro del oyente). En cualquier caso, esta respuesta deja claro cuál es la cultura del Esperanto, ¿o no?
 

  1. El Esperanto es un codiguito que está bien como juego de nenes, pero es incapaz de sustentar una literatura o una cultura amplia, como el español o el inglés, por ejemplo.

El Esperanto nace con vocación de ser un vehículo de información y comunicación entre comunidades heterogéneas. Es una pretensión a la que no podría aspirar un «codiguito escolar». Que sea sencillo no significa que sea ineficaz. El código interno de los ordenadores tiene sólo dos elementos (el 0 y el 1) y se pueden hacer maravillas con él. «En vilaĝo de La Manĉo, kies nomon mi ne volas memori…» es el comienzo de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de Cervantes, en Esperanto. Además de todas las obras de este genio, se han traducido al Esperanto todas las de Shakespeare y de los demás grandes escritores de la literatura universal. Muchos libros traducidos al Esperanto no lo han sido al español o al inglés, y además existe una amplia literatura original en Esperanto. Este idioma sí puede sustentar una amplia literatura. La diferencia es que esta literatura es independiente de los caprichos de las grandes empresas editoriales que deciden arbitrariamente qué tipo de literatura se traduce y cuál no. Obras como el Kalevala, por ejemplo, están disponibles sólo Esperanto y su idioma original. Y la gran diferencia es que el traductor siempre es nativo de la lengua de partida, al revés de lo que ocurre en las traducciones a otras lenguas. En cuanto a lo de la «cultura amplia», la cultura del Esperanto es la internacional, que es la más amplia de todas.
 

  1. El Esperanto es un idioma que no evoluciona.

Si por evolución entendemos simplemente «cambiar», eso es cierto en parte. Si un idioma cambia, obliga a sus usuarios a estudiar continuamente para poder seguir diciendo lo mismo… Pero el Esperanto evoluciona constantemente para asumir nuevos conceptos, ideas y palabras que se incorporan al idioma, como ocurre en las demás lenguas. Lo que pasa es que en Esperanto esto se hace de forma ordenada y regulada, evitándose el calco servil y la falta de lógica. Al revés de lo que ocurre en inglés y al igual que en francés y en español, el Esperanto tiene una Academia de la lengua.

  1. Si el Esperanto evoluciona, se formarán dialectos diferentes, de forma que al cabo de unos años habrá varios idiomas distintos y la barrera lingüística volverá a alzarse.

Los hablantes del Esperanto no viven todos en un mismo país, sino que están extendidos por todo el mundo. Cada uno utiliza su idioma vernáculo en su vida diaria, y recurre al Esperanto sólo en sus conversaciones con personas de otro idioma nativo. ¿Podemos los españoles convertir el inglés en un dialecto? ¿Pueden hacerlo los ingleses con el francés? ¿Y el ruso? El Esperanto jamás ha pretendido —ni pretenderá— usurpar el puesto de ningún idioma, y si algún día se decidiese hacerlo, los esperantistas de todo el mundo lo abandonaríamos. El Esperanto pretende precisamente impedir que un idioma nacional subyugue a otros idiomas y otras culturas —como ha hecho el inglés con el gaélico y con las lenguas indígenas precolombinas— a través del mero hecho de su existencia.
 

  1. El Esperanto es un idioma sin cultura.

La cultura de una lengua nacional es nacional. La cultura de una lengua internacional es internacional. Los esperantistas cultivamos la tolerancia, el altruismo, las relaciones internacionales entre iguales, la literatura y el arte. Con semejantes cultivos se genera la cultura de la humanidad. Por lo tanto, el Esperanto es un idioma con cultura.
 

  1. Nadie habla Esperanto. Es un intento fallido.

Desde 1905 se celebra todos los años un Congreso Universal de Esperanto, al que acuden personas de todo el mundo. En 1990 se celebró el número 75 y en 2010, el número 95 en La Habana, Cuba. De los muchos millones de gente que lo hablan en todo el mundo sólo varios miles se reúnen en una ciudad —cada año diferente— debido a causas económicas, profesionales o políticas, pero son un número suficiente para demostrar que esa afirmación es falsa.
 

  1. El Esperanto es una utopía.

Sí y no. A menudo se confunde lo que es una utopía con lo que es una quimera. Una utopía es algo deseable, que debería existir y que tendríamos que trabajar todos por conseguirlo, como la paz mundial, la bondad, la justicia, la libertad y un largo etcétera que a nadie se le escapa. Una quimera es algo que no existe, como los dragones, las brujas y los caballos con alas. Es muy posible que las utopías mencionadas (entre las que se sitúa la de que la gente se entienda, o sea: el Esperanto) jamás se consigan; pero se debe trabajar por ello igualmente, y existen muchas organizaciones que a ello se aplican, como Manos Unidas, Greenpeace, los Verdes, Amnistía Internacional y la Asociación Universal de Esperanto, a las que hay que desear que acaben triunfando, aunque no se comulgue con todos sus postulados. Por cierto, que Utopía es el título de una obra escrita por Santo Tomás Moro (estadista inglés asesinado por Enrique VIII) que trata de una ciudad ideal donde todos los ciudadanos viven en paz y armonía. En cambio, una quimera era un animal de la mitología clásica, que tenía cabeza de mujer, cuerpo de león y alas de águila. Confundir ambas cosas es confundir nuestros sueños más nobles con nuestras peores pesadillas.

  1. ¿ Dónde se puede aprender Esperanto?

En cualquier lugar del mundo. La Asociación Universal de Esperanto (UEA), con sede en Rotterdam (Universala Esperanto-Asocio, Nieuwe Binnenweg 176, NL-3015 BJ Rotterdam, Holanda; www.uea.org) edita un anuario con las direcciones de sus delegados y de las asociaciones nacionales de cada país. Además, existen cursos de Esperanto publicados para autodidactas, como el de la famosa empresa francesa Assimil, y periódicamente los grupos esperantistas de todo el mundo organizan cursos. En Internet existen sitios con cursos en muchos idiomas. Gran éxito ha tenido el sitio www.lernu.net y en www.duolingo.com se han registrado más de 100 mil usuarios, de los que más de 30 terminan el curso diariamente. En Cuba, las filiales y grupos de la Asociación Cubana de Esperanto (Apartado 5120, 10500 La Habana; Tiu ĉi e-poŝtadreso estas protektita kontraŭ spam-robotoj. Vi devas ebligi JavaScript por vidi ĝin.) organizan cursos y brindan información sobre otras posibilidades como el Curso por Correspondencia.

  1. «Esperantista suena a adventista o a espiritista… ¿Es el Esperanto una secta?»

¡Claro que suena, de la misma manera que «electricista», «chapista» o «analista», por no decir «juerguista» o «arribista»! J El Esperanto nunca ha sido una sociedad secreta, como los masones o los rosacruces, sino abierta a todo el mundo. Muchos esperantistas son muy religiosos, pero otros son ateos. No se puede clasificar a los esperantistas como un grupo de personas homogéneo, como los filatelistas o los ajedrecistas, sino como un heterogéneo grupo de gente cuyo único interés común se limita —casi siempre— a sus ganas de comunicar. Es —salvando las distancias— algo así como los radioaficionados, solo que somos más críticos que ellos con las lenguas.

  1. ¿Quiénes son los esperantistas? ¿Qué son?

Son gente de todas las extracciones sociales y niveles culturales. Algunos pertenecen a la Asociación Universal de Esperanto (UEA), otros pertenecen a asociaciones o federaciones nacionales o internacionales (o incluso a una apátrida o anacional, la SAT o Asociación Mundial Anacional) de Esperanto. También existen esperantistas que no pertenecen a ningún club o asociación. Por eso es difícil dar un número exacto de ellos. En 1966 reunieron 70 millones de firmas en todo el mundo para solicitar que se debatiese en el seno de la ONU la adopción del Esperanto como la lengua oficial (hubiese sido la octava), pero el Secretario General, el Sr. U Thant, dando muestras de un talante poco democrático, se negó a realizar semejante proposición. Además de las asociaciones citadas en el párrafo anterior, de tipo general, existen otras asociaciones de alcance mundial pero de tipo más especializado: filatelistas, escritores, ferroviarios, ateos, músicos, poetas, católicos, protestantes, comunistas, his­to­riadores, matemáticos, filósofos, radioaficionados, as­tró­nomos, educadores, y muchos más. Muchas de estas asociacio­nes editan sus propias revistas y celebran congresos o conferencias inter­nacionales específicos en Esperanto.
 

  1. ¿Crees que algún día se impondrá el Esperanto?

No solo lo dudo, sino que espero que no se imponga jamás. Una de las razones por las que disfruto siendo esperantista es porque me gusta matizar las palabras (y en esto el Esperanto es único), y por ello me permitirán que denuncie el matiz de violencia que tiene la palabra imponer. Las ideas sensatas, como la de que la Tierra no es plana ni el centro del universo, o de que la justicia es buena, no se imponen, sino que se adoptan al final, es decir, todos acaban haciéndola suya. Una idea se puede defender, pero jamás se puede imponer. Y el Esperanto no es una fe religiosa ni un equipo de fútbol, y por eso no se debe buscar hacer conversos ni partidarios incondicionales. Si mañana apareciese otro idioma u otro procedimiento más rápido y eficaz de conseguir la comunicación universal, yo aconsejaría adoptarlo, e incluso yo mismo encabezaría la emigración. (Esto ocurrió, curiosamente, en el siglo xix cuando los partidarios del Volapük, proyecto de idioma internacional anterior al Esperanto, descubrieron este último: se cambiaron todos en masa en la ciudad alemana de Nuremberg, incluyendo la revista que editaban). El Esperanto, además, no es una lengua perfecta, ni mucho menos. Pero es la solución menos mala que existe, hoy por hoy, para salvar las barreras lingüísticas y culturales. Creo que en un futuro no muy lejano, cuando quiebre el venerado y quimérico plurilingüismo de la Comunidad Europea (o sea: que todos aprendan todas las lenguas de Europa, que son 15) en el sentido más económico de la palabra (cuando aún no eran más que 9 lenguas oficiales, se invertían millones de euros al año en la traducción e interpretación de las sesiones de la Comunidad Europea, cantidad que habrá aumentado a estas alturas, con la adopción de 11 lenguas oficiales), las únicas soluciones posibles serán dos:

  1. Hegemonía de un solo idioma (inglés, francés, español, mandarín…).
  2. Adoptar el Esperanto, muy a pesar de los políticos.

El resto del mundo ha dado ya ejemplos a Europa en este terreno: el Suahili es la lengua puente del Oriente de África, y toda Asia lee los caracteres chinos y los entiende. Una vez que Europa lo adopte, los europeos de América (o sea, EE.UU. y los demás) seguirán el mismo camino.
 

  1. ¿Quiénes son los enemigos del Esperanto?

En primer lugar, los países anglófonos, y más concretamente, sus gobiernos. ¿Por qué? Porque mientras el inglés sea el idioma más «importante» en el mundo, se venderán más las películas, novelas y otros productos (y sub-productos) de la cultura angloamericana. Y eso supone mucho dinero y por lo tanto poder. En segundo lugar, la elite de gente que en cada país domina el inglés y por lo tanto actúa de intermediario entre la población en general —que no sabe inglés— y los productos y gente de factura inglesa. Es sabido que los productos agrícolas los vende el agricultor veinte veces (o más) más baratos que su precio en el mercado; y la diferencia se la llevan los intermediarios. En el mercado lingüístico y cultural ocurre lo mismo. Esa gente que cultiva el inglés y que envía a sus hijos a Inglaterra o Estados Unidos a estudiar no está dispuesta a perder el negocio. Suelen estar muy bien situados, en puestos socialmente bien considerados y que «crean opinión» (editoriales, emisoras de radio, televisión, periódicos, instituciones de enseñanza). Una de las mentiras a medias que lanzan periódicamente es que «todo el mundo estudia inglés». Lo que no dicen es cuántos de ellos lo aprenden. Pero el enemigo principal del Esperanto es la ignorancia y falta de reflexión del público en general. Se les dice que el Esperanto es un idioma artificial (insistiendo en el carácter de «artificial» como algo apestado, cuando luego ensalzan el cine, el automóvil y otros objetos artificiales, en un doble lenguaje deshonesto) que fue una buena idea, pero que fracasó. Y si fracasó hace un siglo… ¿Por qué aún se sigue insistiendo en él? Fracasaron Novial, Volapük, Interlingua, Basic English y muchos más, y nadie habla ya de ellos. ¿Por qué se sigue hablando del Esperanto? ¿Será, quizá, porque es falso que haya fracasado? ¿Será porque se quiere que fracase? Pues no, señores míos: no ha fracasado. Y no fracasará mientras queden personas que quieran entenderse con el prójimo. La reflexión anterior no se la hace mucha gente, pero en cambio se traga las «verdades oficiales» dichas por «doctas personas» que, a su vez, no se han tomado la molestia de comprobarlas. Esta ignorancia sobre el Esperanto y lo que representa (comunicación planetaria a nivel de la base de la población, entre los no-expertos, los ciudadanos de a pie de todas las culturas) es algo que cultivan mucho los políticos de hoy en día de todas las tendencias en todos los países.

  1. Si los enemigos del Esperanto son poderosos y se lo han puesto tan difícil, ¿para qué preocuparse por una lengua que nunca se adoptará en todo el mundo?

A los esperantistas no nos preocupa el Esperanto ni su futuro. Lo que nos preocupa es la incomprensión que existe en el mundo entre personas de distintas culturas. Si no hay necesidad de comprensión, que desaparezca: es lógico. Pero si existe gente que quiere contarse cosas, hacer amistades y buscar la ayuda mutua por encima de las barreras artificiales que forman las lenguas «naturales», entonces el Esperanto sigue siendo necesario. El poder de los enemigos del Esperanto es enorme y nos lo han puesto muy difícil, es cierto, pero ese poder no es omnipotente y presenta resquicios por donde se puede colar la buena voluntad hacia los demás, y eso es suficiente para que el Esperanto siga existiendo y procure felicidad a mucha gente. Puede que el Esperanto no lo adopte todo el mundo, pero sí se ha adoptado en todo el mundo. Y la poca y selecta población que lo usa puede dar idea de cómo es cada cultura representada por los hablantes del Esperanto. Las relaciones internacionales son siempre enriquecedoras, pero lo son más cuando no vienen tamizadas por las mentiras oficiales de los ministros, los periodistas y otras víctimas del síndrome de Babel, como los turistas que han ido a otros países sabiendo sólo el «inglés de hotel o aeropuerto». Las piedras (ilustres o no) son piedras en España, Alemania o Japón. Pero un español contrasta mucho más con un alemán o con un japonés. Y cuando estas tres personas pueden hablarse de filosofía, política, literatura o canto popular sin diccionario ni audífonos, no hay duda: lo están haciendo en Esperanto. Por eso hay que preocuparse por una lengua que funciona, aunque no la adopte todo el mundo.

  1. Yo lo aprendería, pero si no lo habla la gente de la calle en ningún sitio, ¿de qué me serviría?

John F. Kennedy dijo en cierta ocasión « It’s not what your country can do for you, it is what you can do for your country» (No se trata de lo que tu país puede hacer por ti, sino de lo que tú puedes hacer por tu país). Las personas que aprenden Esperanto suelen tener un sentimiento de solidaridad con todos los seres humanos del mundo entero y les apetece tener relaciones —al menos— epistolares con gente de todas partes. ¿Qué podría hacer yo por la humanidad? Lo más básico es hablarle. Si por azares de la vida visita uno otro país, es posible conocer en persona a aquellos con quienes nos hemos escrito durante tantos años, y en caso de apuro podemos incluso recurrir a ellos. Por otro lado, existen esperantistas que no tienen medios para —o simplemente no les apetece— salir al extranjero, pero que les encanta hablar en Esperanto con gente de otros países, y a tal efecto ofrecen sus hogares para recibir y alojar gratuitamente a esperantistas de otras naciones, con la única condición de que hablen con ellos en Esperanto mientras estén en su casa. La mayoría de ellos pertenece a una red mundial de «anfitriones» un tanto especial, que se llama Pasporta Servo (Servicio Pasaporte).

  1. Cuando todo el mundo desaprueba la idea del Esperanto, por algo será.

Eso no es cierto. No todo el mundo desaprueba el Esperanto, y mucho menos la idea que representa, la carencia que trata de solucionar. Quienes desaprobaron con más ahínco la idea de un idioma internacional neutral y al Esperanto mismo fueron Hitler y Stalin. El primero consideraba al Esperanto «conspiración internacional de judíos», mientras el segundo, «cosa de burgueses y reaccionarios cosmopolitas». Ambos se equivocaron: El Esperanto no ha sido, ni será jamás, una corriente política determinada. Representa una cultura única en el mundo, es una actitud crítica de la realidad lingüística, pero no una doctrina política ni filosófica.  En España y Portugal el Esperanto —durante las dictaduras de Franco y Salazar— fue perseguido de palabra, pero no de obra, como todo aquello que «no afectó al régimen», fue tolerado. En los países democráticos es donde el Esperanto ha podido desarrollarse sin problemas siempre, aunque haya sido socialmente inconveniente. Sin embargo, se extendió mucho más en los países socialistas de Europa del Este, quizá porque son la cuna de muchos idiomas minoritarios. Cuando una idea es buena para todos, es mala para la minoría que detenta el poder. Y esa minoría suele ser la que domina los medios de comunicación. Y éstos crean opinión. Por eso tanta gente condena el Esperanto sin saber qué es lo que es ni qué están diciendo.

  1. ¿Por qué la mayoría de los esperantistas son de avanzada edad?

Eso no es exacto, aunque tendría su explicación. En primer lugar, existen muchos jóvenes que han aprendido Esperanto. No obstante, es cierto que si nos damos una vuelta por los distintos congresos de Esperanto que se celebran en todo el mundo, veremos que la edad media de los congresistas es alta. Ello se debe a que las personas mayores de 30 años tienen mayor disponibilidad económica, y los mayores de 60 disponen además de más tiempo. Pero también es cierto que muchas personas que de jóvenes habían combatido, despreciado o simplemente ignorado el Esperanto, han necesitado toda una vida para madurar y comprender la esencia y naturaleza del Esperanto, venciendo los prejuicios —casi siempre ajenos— que les impedían ver con claridad. Estas personas llegan tarde para ayudar a crear y solidificar la Cultura Total de la Humanidad, pero por lo menos ya pueden beneficiarse de ella en su estado actual.

  1. ¿Cuántas personas hablan Esperanto en todo el mundo?

Esa pregunta es más difícil de responder. Se sabe, por ejemplo, que unos 500 millones de personas hablan español en todo el mundo porque se sabe cuántos habitantes hay en cada país hispanohablante, se hace la suma, se añade una estimación de los que viven en el extranjero (aunque también estos están censados) y se puede incluso obtener información sobre el número de personas que están matriculadas en centros oficiales de aprendizaje de idiomas y que estudian español. Pero para llegar a ese número hemos tenido que aprovechar el servicio del Instituto Nacional de Estadísticas de varios países, y de otras instituciones ya existentes. El Esperanto no se estudia oficialmente más que en algunos países aislados, como Hungría y China. En el resto del mundo se puede hacer una estimación basada en el número de agrupaciones de Esperanto. Sin embargo, hay muchos esperantistas que no pertenecen a grupo alguno. Por todo ello no se puede hacer una estimación exacta, ni siquiera aproximada. Lo más realista sería decir que hay muchos más de los que dicen sus detractores, y muchos menos de los que quisiéramos. L Pero eso es muy ambiguo, y para que vean que no eludimos la respuesta, les diremos que la estimación más pesimista que conocemos da una cifra de 2 millones. La más optimista habla de 30 millones de esperantistas en todo el mundo. Pero lo más importante de este tema es que a  los hablantes del Esperanto les da exactamente igual cuántos sean. Al fin y al cabo, más vale pocos y buenos, que muchos y malos. J Evidentemente, cada vez serán más, pero cada día los que ya lo practican hacen un poco mejor y un poco mayor el patrimonio cultural de toda la humanidad. Los esperantistas piensan más en el hombre en su totalidad que en las particularidades nacionales. Los que vengan detrás ya tendrán mucho camino allanado. Pero ese camino irá por donde nosotros lo hemos abierto.

  1. El inglés es ya el latín del siglo xx. No hace falta el Esperanto.

Es cierto. Pero no basta. Cuando dicen el latín, suponemos que hacen referencia, evidentemente, al papel de lengua franca que tuvo el latín en la Edad Media: se hablaba en todos los países de Europa, pero ya no era la lengua de ninguno de ellos, pues el Imperio Romano había caído hacía varios siglos. Pero ¿quién hablaba latín en la Edad Media? Evidentemente no la gente del pueblo. Lo hablaban los sacerdotes (algunos muy mal, como se puede comprobar en las quejas sobre esto de los obispos en los concilios y sínodos que nos han quedado por escrito) y los eruditos, es decir, los humanistas y los científicos. Alcuino de York —por ejemplo—, siendo inglés, pudo enseñar en La Sorbona y en cualquier otra universidad de Europa, y sus alumnos le comprendían muy bien, pues sabían latín. Pero no olvidemos que los eruditos eran cuatro gatos, y los alumnos universitarios eran aún menos. Los sacerdotes hacían (y hacen) sus estudios durante doce largos años en el seminario. Tiempo suficiente para dominar una lengua difícil. No obstante, si hablan con cualquier experto en lenguas clásicas, les dirá que nadie habla latín ni griego clásicos, y que el latín de los curas es latín vulgar, no clásico. ¿Por qué se abandonó el latín? Cuando Gutenberg inventó la imprenta, la cultura se democratizó, es decir, se hizo accesible a todos porque los libros se hicieron mucho más baratos que antes, siendo toda una revolución cultural. La gente vulgar, el hombre común del pueblo, aprendió a leer y a escribir, disminuyendo mucho el analfabetismo general. Pero los libros, si se querían vender, no podían estar en latín, lengua que el pueblo no dominaba. Por eso cobraron mucha importancia las lenguas vernáculas (como el fran­cés, el español, el inglés), que desplazaron a latín lenta pero definitivamente. Con esta larga introducción les quiero decir que sí, que los eruditos del siglo xx usan el inglés para sus comunicaciones y publicaciones. Ellos preferirían utilizar cada uno su propio idioma, pero saben que eso es inviable y se conforman con un inglés amputado y sin gracia, carente de estilo y riqueza léxica y sintáctica, que algunos han dado en llamar inglés internacional, queriendo con ello quizá legalizar las enormes incorrecciones lingüísticas y —sobre todo— fonéticas que cometen. Sea, que lo usen los listos si tanto interés tienen. Pero la gente del pueblo llano, los que no somos ni Albert Einstein, ni García Márquez, necesitamos un idioma sencillo, fácil, que se pueda aprender en un año o menos y que a las dos semanas de aprendizaje nos permita desenvolvernos en las situaciones básicas de la vida ordinaria. Es cierto que el inglés es un idioma más fácil que los demás idiomas europeos. Es también cierto que no es lo suficientemente fácil para lo que se necesita. La única alternativa seria para ello es el Esperanto. El Esperanto posee una gramática fácil que consta de 16 reglas gramaticales sin excepción, que se pueden aprender en una tarde. Tiene un vocabulario básico de unas mil palabras, que se pueden multiplicar por 200 con el sistema de prefijos y sufijos que se le pueden añadir a cada una de las palabras básicas, que a su vez se pueden combinar libremente entre sí para expresar nuevos conceptos; pero nadie utiliza 200 000 palabras en ningún idioma. En español dicen los expertos que utilizamos unas siete mil palabras para hablar de todos los temas, si bien hay algunas diferencias en el vocabulario básico de los diferentes hablantes. En inglés dicen que basta utilizar 3 000 para eso. Pero en Esperanto nos conformamos con tres veces menos que en inglés, con la salvedad que esa base se puede multiplicar por doscientos sin tener que recurrir al diccionario. La ventaja del Esperanto, además, es que casi todas las palabras básicas ya nos suenan de antes, como baza, homo, skribi, inteligenta, porko, blanka, rapide, etc. Por todo ello podemos convenir finalmente, que sí, que el inglés es el latín del siglo xx. El Esperanto lo es un poquito más cada día —y algún día que quizá veamos todos, lo será del todo— el romance mundial, la lengua en que todos, no solo la elite culta, nos entendamos y nos podamos dar lecciones mutuamente, de lo que entienda cada uno, sin que tengamos que ser Erasmo o Hipatia de Alejandría…, y además servirá también para que —los que quieran— puedan confraternizar en completa libertad e igualdad, alcanzando por fin lo que el pueblo pedía y pide desde la Revolución Francesa, hace ya dos siglos, y que todavía es una cuestión pendiente para la humanidad.

  1. Los signos con circunflejo son una dificultad innecesaria, que se nota sobre todo en los modernos medios de comunicación (Internet).

Los signos con circunflejo representan sonidos diferentes de los mismos signos sin ellos. De hecho, son letras diferentes de sus homólogas con circunflejo, al igual que la ñ es diferente de la n. Si el Esperanto no tuviese esos sonidos, sería más pobre. La solución de utilizar dos letras, como ya propuso Zamenhof para cuando no hubiese más remedio (porque no escribimos a mano y nuestra máquina no está a la altura de las circunstancias), o más —como se hace en otras lenguas, como el polaco y el alemán— desfonetiza la ortografía del idioma, puesto que entendemos por escritura fonética el sencillo principio de una sola letra para cada sonido, un solo sonido para cada letra. Por eso, si le quitásemos los sonidos representados por grafemas con circunflejo, el idioma perdería riqueza, mientras que si utilizamos recursos dígrafos para representarlos, el idioma perdería prestaciones, y sería más complicado leer el Esperanto. Por cierto, con la introducción de Unicode, el problema de la representación de esos grafemas ha dejado de serlo. Todas las computadoras poseen ahora una amplísima tabla de caracteres que no se puede comparar a la ASCII de hace veinte años.

  1. Los sonidos de la h y la ĥ responden a sonidos de difícil pronunciación, al igual que los grupos sc y nkc.

El sonido de la letra h existe en casi todos los idiomas, con las notorias excepciones de español y el italiano. Sin embargo, en amplias zonas hispanohablantes, como Andalucía, Canarias y Sudamérica, el sonido de la h en Esperanto es el que se aplica a la j española, por lo que podemos concluir que el sistema español no rechaza ese sonido. En cuanto al sonido de la ĥ, es el de la j castellana, por lo que tampoco rechaza ese sonido nuestra lengua. Además, existe en árabe, alemán, gaélico y muchos otros. Los pobrecitos ingleses y franceses que no la tienen, podrían aprender a pronunciarla rápidamente así: se apoya la parte trasera de la lengua contra la úvula, se sopla fuerte, y ya está. J En cuanto al sonido de la h es aún más fácil: imítese el jadeo de un perro… En cuanto a los grupos sc y nkc, en realidad es de la c de lo que se quejan. Pero basta intentar pronunciar una s al mismo tiempo que una t y saldrá a la perfección. El Esperanto es mucho más fácil que cualquier otra lengua; pero tiene sus dificultades. No son difíciles de vencer, sobre todo si se dispone de un buen profesor, y aún los peores alumnos de lenguas pueden llegar a pronunciar el Esperanto perfectamente, pues les basta tener constancia e interés.

  1. Tienes razón en todo lo que dices, y el Esperan­to se debería implementar en todo el planeta. Des­graciadamente, hay demasiados intereses crea­dos y los que pensamos esto nada podemos ha­cer para cambiar la triste realidad: el inglés se impone por la fuerza, y nada podemos hacer.

Esta objeción es la más cruel que me he encontrado jamás. Porque niega al pueblo el control de su vida. Nosotros pensamos que sí se puede hacer mucho. Fundamentalmente, ¿quién impone por la fuerza el inglés en el mundo de hoy en día? Es cierto que se gastan sumas de dinero nada despreciables en promocionarlo —en Gran Bretaña hay hasta un ministerio para eso: el British Council—, y en convencernos de que sin el inglés no se va a ninguna parte. Y es cierto que con el inglés se llega muy lejos hoy en día…, para los que lo dominen, claro está. El truco está en convencer a la gente de que los demás lo dominan, porque está claro que la gente normal, la que pasea habitualmente por nuestras calles, la que encontramos en el cine o en la sala de conciertos, la que encontramos en nuestras facultades —y no sólo como alumnos— es incapaz de mantener una parrafada de diez minutos en inglés, y mucho menos hablar de su vida particular, de sus más íntimos deseos, en inglés. A lo sumo, podrá hablar de algún tema abstracto y general, que es mucho más fácil porque se da en un nivel de lengua muy uniforme, sin diferencias dialectales. Los esperantistas sumamos dos y dos, y rara vez nos da diferente de cuatro: si yo no domino este idioma, y mis vecinos tampoco, ni mis condiscípulos, ni mis conciudadanos en general, deduzco que los de los demás países tampoco. Por lo tanto, no se puede. Esta deducción puede elevarnos la moral, pues descubrimos que no somos tontos, que es falso eso de que a nosotros no se nos dan los idiomas, sino que estos en general, y el inglés en particular, son difíciles, más que el dominio de un instrumento musical. Pero así como todos no tenemos el humor ni el tiempo necesario para llegar a dominar el piano o la guitarra, y sin embargo después de unas horas podemos hacernos con el manejo de la flauta dulce y tocar ciertas melodías, también podemos hacernos con el Esperanto en cuestión de horas. Evidentemente, ninguna lengua —ni siquiera el Esperanto— se puede nunca llegar a dominar del todo. Pero las diez o doce mil frases diferentes en que podríamos resumir el total de nuestra existencia sí que podríamos llegar a saber formarlas en Esperanto tras un entrenamiento más o menos corto. Esto no es fantasía. Esto es algo que la práctica demuestra todos los días. Y sin embargo, es algo imposible de realizar en ninguna otra lengua. Porque el Esperanto (y esto no es ninguna exageración, sino la simple constatación de un hecho) es la lengua más fácil del mundo. Una vez que hemos vencido el condicionamiento mental que nos imponen desde la televisión y la publicidad en general, con consignas falsas como esa de que «en menos de tres meses aprenderá Ud. inglés “sin estudiar”», estaremos en condiciones de llamar a las cosas por su nombre y resolver el problema. Cuando veamos que podemos entendernos con gente de otras culturas, como los lituanos, los chinos o los maoríes, todas esas barreras mentales caerán. Es cierto que no nos podremos relacionar con mil millones de personas a través del Esperanto. Pero si supiéramos mandarín, tampoco. Porque el número de personas que podemos llegar a conocer personalmente en toda nuestra vida es muy limitado, y no sobrepasa unos pocos cientos. Pero nos puede consolar saber que en caso necesario, tras un entrenamiento de unas decenas de horas, cualquiera puede llegar a hacerse entender en Esperanto. Creo que esto es un argumento muy claro de qué es lo que podemos hacer para darle la vuelta a los hechos aparentemente consumados de hoy en día. Vemos por la televisión a ministros que hablan en inglés en las noticias. Pero hablan un inglés penoso, y ciertamente preferirían hablar en su propio idioma. ¿Defenderemos la razón de la fuerza, o nos sentimos lo suficientemente fuertes para exigir la única solución ética?

  1. Yo soy inglés, y cuando voy al extranjero me basto con ese inglés de aeropuerto y hotel que usted dice. ¿Por qué debería aprender Esperanto?

Por nada y por todo. Si a uno le basta tenderse al sol y tomarse una copa de vez en cuando, sobra hasta el idioma propio. Viajar para ver el paisaje y algún que otro museo lo puede hacer hoy en día un inglés sin saber idiomas. Los folletos están en inglés en casi todo el mundo, es cierto. Si uno quiere hacer alguna pregunta al guía turístico, sin embargo, debe contentarse con respuestas cortas y limitadas. Nunca he encontrado guías lo suficientemente completos para que me pudieran informar en inglés sobre el arte, literatura y aún la propia historia de su país en las tierras que he visitado. Pero en alguno de sus viajes usted se puede enfermar, y el médico —especialista en su campo, pero no en inglés— tendrá serias dificultades en entenderle cuando se queje de dolores pulsantes —por ejemplo— en la región lumbar; o de sequedad de garganta, escozor de ojos, o sensación de agobio…, ¿de verdad cree que los nativos de otras tierras tienen la obligación de entender todos estos conceptos en inglés para que usted pueda circular con libertad y —sobre todo— seguridad en todo el planeta? En caso de verse envuelto en un accidente, ¿cómo podrá dar su versión a la policía? Si la cosa llega a mayores, evidentemente que puede tener un intérprete para el juicio…, pagado por usted, naturalmente: ¿sabe usted cuánto cuesta cada hora de interpretación? Y hablando de accidentes, no olvide que el peor desastre aéreo de la historia ocurrió en el Aeropuerto de Los Rodeos (Tenerife) porque los pilotos tomaron un imperativo (report) por un sustantivo (report) en inglés. El Esperanto le ofrece la oportunidad de hablar con nativos del lugar que usted visita sobre cualquier tema con una profundidad y lujo de detalles desconocidos en cualquier otra lengua. Hablar el idioma del anfitrión es dar un paso hacia su cultura, y mucho más enriquecedor que quedarse en la atalaya del inglés, esperando a que la plebe suba hasta su eminencia. Aprender Esperanto es solo realizar la mitad del camino, es cierto, pero también es una invitación a que los de otras culturas nos imiten y se encuentren con nosotros en ese cruce de caminos que es nuestra lengua de concordia y camaradería.

  1. El Esperanto no es más que una mezcla de idiomas, o de palabras de diferentes idiomas.

¿Qué idioma no está mezclado? El idioma de los íberos y los celtas fue barrido totalmente del mapa por el latín, lengua del imperio, hace más de dos mil años. El latín vulgar que se habló entonces es lo que podríamos considerar el origen del español actual. Pero se mezcló con el idioma de los godos, y posteriormente con el árabe, que lo suplantó casi completamente durante ochocientos años. Cuando los reyes cristianos expulsaron a los musulmanes de España, el idioma español conservó innumerables palabras de ese idioma, algunas de uso muy común —alcantarilla, Andalucía, etc. Modernamente no nos cuesta pensar mucho para encontrar palabras francesas, inglesas y alemanas en nuestro idioma. Al inglés no le ha ido mejor en esto de las mezclas: al antiguo anglosajón se le mezclaron grandes cantidades de palabras nórdicas y francesas en el siglo xi, tras la invasión de los normandos, que además privaron al antiguo idioma inglés de su rico sistema de flexiones verbales y nominales. ¿Qué podemos decir de un idioma sajón cuyo vocabulario está formado en su 75 % de palabras latinas? ¿Es eso una mezcla o no? Pero en ambos casos, en el español y en el inglés, la combinación se ha hecho con criterios caprichosos, cuando no a la fuerza. El Esperanto obtiene sus palabras tras un estudio comparativo cuidadoso realizado entre diversas lenguas, de forma que las palabras elegidas sean lo más comunes posible a todos ellos. No es algo caprichoso, sino de sentido común. Por eso «mesa» se dice tablo (italiano: tabla, francés: table, inglés: table). Pero así como las palabras españolas «alfanje», «Almería» y «Guadalquivir» son substantivos, en Esperanto todos los substantivos acaban en -o: kurvoglavo, Almerio, Gvadalkiviro, lo que le da una regularidad y comprensibilidad muy superiores a nuestro idioma, hasta a un español. En el caso del inglés, nada nos dice si report es un sustantivo o un verbo, a no ser que veamos la palabra utilizada en una frase, y no siempre. Vemos, pues, que las palabras del Esperanto no son una mezcla aleatoria, sino la combinación de una serie de elementos altamente estructurados y lógicos cuyo objetivo es conseguir una comprensión eficaz al ciento por ciento. Y, como diría cualquier químico, no es lo mismo una mezcla —que hallamos en las lenguas nacionales— que una combinación —que se encuentra solo en el Esperanto.

  1. Usted dice que el Esperanto no tiene dialectos, pero yo he visto cómo lo hablaban un francés, un inglés y un español, y no lo hablaban igual.

Una cosa es hablar un dialecto, y otra cosa muy diferente es hablar mal una lengua extranjera. Cuando uno aprende una lengua que no es suya, intenta imitar los fonemas de la lengua extranjera, de forma que cuando lo consigue, los nativos le dicen que no parece extranjero, lo cual le llena de orgullo. En Esperanto no hay hablantes nativos, pues Esperantolandia no existe, a pesar de lo que se lee por ahí. Cuando uno habla en inglés con acento —pongamos— de Granada, no se le ocurre a nadie decir que existe un dialecto granadino del inglés, sino simplemente, que la persona en cuestión hace lo que puede por hablar inglés, que por lo visto no es mucho. Si la misma persona hablase Esperanto con el mismo poco cuidado, ¿por qué habría de decirse que habla Esperanto en dialecto de Granada? Desgraciadamente abundan los esperantistas que no se molestan en aprender correctamente los fonemas del Esperanto, que no coinciden en su totalidad con los de ninguna lengua nativa, por suerte. Y digo por suerte porque eso le fuerza a uno a abrirse un poco a los demás. El Esperanto es de todos, es cierto, pero también de los demás, y uno no puede hablarlo como le dé la gana. Dice usted que ha oído a un francés, a un inglés y a un español hablarlo con acento de su pueblo. Eso es una vergüenza que no cuesta más de un par de horas arreglar. Pero eso es algo que cada uno tiene que arreglar por su cuenta.

  1. ¿Esperanto? ¿Te refieres a eso que no habla casi nadie porque no interesa?

Sí, claro. En realidad esta pregunta se contesta por sí misma, simplemente adoptando un cambio de talante más conciliador. Veamos:

  1. No lo habla casi nadie. Evidentemente, tanto si los esperantistas somos dos millones (estimación más pesimista) o treinta millones (estimación más optimista), eso no deja de ser una gota de agua en el mar, si lo comparamos con la población mundial (alrededor de seis mil millones de personas). Claro, que el número de titulados universitarios, o simple­mente personas no analfabetas, también es un número ridículamente pequeño al compararlo también con el total de seres humanos vivos en la actualidad. Pero al igual que no es serio plantearse que es bueno ser analfabeto porque la mayor parte de la población mundial lo es, tampoco se debe colegir que el Esperanto no es útil por la misma razón. J
  2. No interesa. Claro que no interesa. Como ya hemos apuntado más arriba, si la gente no se puede entender entre sí, a los de arriba les será más fácil controlarnos. Precisamente todos esos intereses creados tien­den a evitar su difusión, al menos a escala institucional, pues hay mucho dinero en juego en forma de derechos en películas norteamericanas e inglesas y sus literaturas respectivas.
  3. En cualquier caso, si las razones anteriores no le convencen, como diría el Gran Lebowski: That’s kind of your opinion, isn’t it?
  1. El Esperanto es una lengua sin alma.

El Esperanto es un instrumento de comunicación, al igual que el código Morse, la televisión, el teléfono móvil o el inglés. Ninguno de ellos tiene alma. Solo la persona que los utiliza la tiene.

  1. ¡Es imposible que el inglés deje de ser la lengua más utilizada del mundo!

Una vez, tres cuartas partes de la humanidad hablaba el latín. Hoy en día nadie lo habla, ni siquiera en los centros de enseñanza. Antes que el inglés, el francés ocupó un lugar preponderante en la comunicación en Europa. Muchos le asignan todavía el epíteto de «idioma de la diplomacia». El ruso tuvo un lugar preponderante en su área de influencia. Actualmente China es una de las grandes economías del mundo… ¿Qué conclusión podemos extraer de esto?

Texto basado en: Esperanto España (http://storm.prohosting.com/jesuo/espe.htm)